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La tapa del tanque de agua: el repuesto más barato que evita una multa

En los relevamientos que hacemos, la falla más común no es el sedimento: es la tapa. Rota, corrida, sin burlete o directamente ausente. Y una tapa mala anula todo lo demás: el tanque se recontamina en semanas.

Técnico inspeccionando un tanque de agua con equipo de protección

Qué entra por una tapa que no cierra

Polvo y hollín urbano, agua de lluvia con lo que arrastra del techo, hojas, insectos (los mosquitos ponen huevos en agua quieta), excrementos de palomas y, en casos que hemos visto, roedores. Todo eso cae al agua que después sale por las canillas del edificio.

Por eso el análisis bacteriológico puede dar mal aunque la limpieza se haya hecho bien: si la tapa no sella, la contaminación vuelve a entrar. Es la primera causa de resultados no aptos reiterados.

Qué exige la normativa y qué revisar

La normativa exige que los tanques estén cerrados con tapas de cierre hermético que impidan el ingreso de contaminantes. La verificación es simple: la tapa debe apoyar completa, sin fisuras, con burlete en buen estado, y las de material sanitario aprobado. En tanques de fibrocemento antiguos es frecuente que la tapa original esté partida o haya sido reemplazada por una chapa suelta con un ladrillo encima — eso no es una tapa, es una multa esperando inspección.

En cada servicio de limpieza revisamos y fotografiamos las tapas. Si hay que reemplazarlas, lo cotizamos en el momento: es de los arreglos más baratos de toda la instalación sanitaria y de los que más impacto tienen en la calidad del agua.

¿Lo resolvemos por vos?

¿Hace cuánto nadie sube a mirar las tapas de tus tanques? Lo revisamos sin cargo en el próximo servicio.

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